90 segundos para sentir

Jaime Gómez Castañeda. San Agustín, 10 oct, 2021

Últimamente me he preguntado si las emociones se cansan o nos cansamos de experimentarlas.

Hará algunos 22 días cuando le dije a uno de mis hermanos que, nosotros nos cansamos de sentir y pensar la pérdida de nuestro padre, que falleció hace más de 3 años. O algo en nosotros se cansó de luchar y mejor pactó una tregua.

Dice Blackburn y Eppel (2017) que la experiencia de las emociones es tan solo de 90 segundos. Muy efímeras al igual que los pensamientos. Pero las personas nos las ingeniamos para hacerlas más longevas, es decir, de alguna manera, buscamos que vivan más tiempo en nosotros. ¿Quién no quisiera experimentar felicidad por más de 90 segundos o incluso, eliminar alguno de sus miedos en menos de ese tiempo?

Sabemos que todos y todas viven de manera distinta la pérdida de un ser querido, por eso cada uno se sobrepone a la experiencia en diferente tiempo. Entonces, vale la pena preguntarse: ¿se trata de saber quién se cansará más rápido de sentir y pensar la pérdida? O, ¿Quién se apega a los 90 segundos y da vuelta a la hoja más rápido es porque sabe leer el lenguaje de las emociones y pensamientos en la pérdida? Indiscutiblemente, en este acertijo de palabras, el apego emocional tiene mucho que ver. Quien creó un vínculo emocional significativo hará todo lo posible, a nivel mental, por resistirse a la verdad contundente de los 90 segundos. Para ellos y ellas, la tristeza, la pérdida de sentido, la soledad, el abandono, que se viven por la muerte de su ser querido, son emociones que acaban de nacer y que vivirán por muchos años. Los 90 segundos son inconcebibles en su proceso de duelo.

Hay momentos en los que las personas nos las ingeniamos para no creer en esa cantidad de segundos y ahí estamos, rumiando, rumiando y rumiando las emociones y pensamientos de la pérdida, hasta que llega a ser cansado. Y ya cansados de luchar contra lo invisible, descansamos.

Conocer el lenguaje de las emociones y pensamientos en la pérdida, quizás nos ayude a parar el cronómetro y sentir lo que haya que sentir solo por 90 segundos y continuar, porque la vida es eso, continuar. Todo cambia, nada es permanente, lo dicen las ciencias y nuestro organismo que, segundo a segundo, se deteriora. Por eso, es importante comprender esos lenguajes para no caer en la fantasía de que las emociones y pensamientos duran más de 90 segundos. La oportunidad que nos ofrecen los diferentes modelos de acompañamiento psicoterapéutico es fundamental para alfabetizarnos en la pérdida. Vivir con una tristeza longeva puede ser muy peligroso para nuestra salud mental. O, imaginar que una droga nos puede hacer felices por años, tal vez pueda ser la preparación de un funeral anticipado.

Gracias por leer y compartir esta nota que necesitamos.

Bibliografía

Autor: Jaime Gómez Castañeda

Doctor en Ciencias del Acompañamiento Humano, Psicólogo, Psicoterapeuta, Profesor (Universidad de Guadalajara), escritor, ponente en diversos eventos académicos. Un ser humano en constante crecimiento.

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